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Compañía de Jesús: una trasnacional de obras de amor

28-07-2020 20:10 por Rosiris Urbaneja

Semana Ignaciana

El 31 de julio de 1556 falleció Íñigo López de Loyola, mejor conocido en su época como Ignacio de Loyola y a partir de 1622 fue proclamado -por la Iglesia Católica- San Ignacio de Loyola, fundador de la orden religiosa Compañía de Jesús, hoy más activa que nunca y dedicada al trabajo educativo, social, misionero, entre otros en el ámbito mundial.

A través de videoconferencias dio inicio a la celebración de la Semana Ignaciana 2020, una actividad organizada por la Dirección de Identidad y Misión (DIM) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), extensión Guayana, con el propósito de retrotraer la vida y obra de San Ignacio, pero también la vida y obras de sacerdotes jesuitas del mundo.

 

En la mañana del 27 de julio se dieron cita los sacerdotes Alfredo Acevedo, desde Argentina; Benjamin Sánchez, nicaragüense desde México; Íñigo Merello, español; Nemo Castelli, chileno y el venezolano Juan Andrés Quintero, desde Belo Horizonte (Brasil). A través de un encuentro en la distancia, ellos compartieron su experiencia de Dios desde diversas realidades y contextos, teniendo como epicentro la congregación religiosa que San Ignacio fundó.

 

Encontrar a Dios en todas las cosas


Alfredo Acevedo S.J., filósofo, teólogo y especialista en Escrituras, quiso compartir esencialmente tres elementos significativos en su vocación; primero la disposición para discurrir, proporcionada por la Compañía de Jesús a través de los ejercicios espirituales. En segundo lugar, el desafío de “darlo todo por gente que posiblemente no volverás a ver nunca” y por eso el valor de amar sin poseer; y, por último, la misión de la Compañía puesta en tus manos (…) para cultivarla. Actualmente, Acevedo colabora -en Buenos Aires- con la formación académica de jóvenes, mientras redescubre su sacerdocio entendiendo qué es lo que el mundo necesita.

 

Benjamin Sánchez S.J., de 28 años de edad, biólogo, filósofo y apasionado del baile folklórico, encontró exactamente lo que esperaba en la Compañía de Jesús y actualmente trabaja junto a migrantes en la frontera sur de México. “Dar la vida y dar alegría era lo que quería y lo está logrando en colaboración con otros y en su peregrinar junto a Jesús; “un Jesús que voy conociendo y que me hace más libre”, afirmó.

 

La realidad impuesta por la COVID-19 en España ha pausado los estudios de Teología del también chef y sacerdote Íñigo Merello, quien se ofreció a ayudar a los afectados por el virus. Para ello, fue enviado por la Compañía a una enfermería, donde ha apoyado al personal sanitario, aun sin tener conocimientos sobre el tema. Esta vivencia lo ha ayudado a descubrir una vocación especial hacia el cuidado del cuerpo, recordando a San Pablo cuando afirmó que somos parte de un cuerpo y tenemos que cuidarnos unos a otros. “Lo que más me interesa en este momento es ver cómo podemos ofrecer a la gente la intuición de sentir y gustar la vida en el sentido profundo, que al final nos conecta con la cultura, partícipes de una misma mesa (…) sentir y gustar nuestra propia espiritualidad, que es bien rica”, fue el deseo de Merello.

 

Desde la construcción civil de viviendas para personas de bajos recursos y templos católicos, Nemo Castelli, ingeniero, filósofo, estudiante de un magister en Teología en el Boston College, nacido en Chile en el seno de una familia de emigrantes italianos, encontró su vocación sacerdotal y fue ordenado en el año 2014. Fue un no creyente que evadía por todos los medios misas y oraciones, pero en su encuentro con las comunidades a través de Techo Chile, Fundación Vivienda y con un grupo de jesuitas dispuestos a reconstruir un campanario de 1889 en Puerto Mont, juntó lo social con lo religioso y místico para configurarse en el sacerdote que es hoy. Castelli ha comprobado que “cuando vamos solos en la vida es muy fácil que la realidad nos quiebre, pero juntos nos fortalecemos y podemos llegar más lejos”.

 

Desde Belo Horizonte, el abogado venezolano Juan Andrés Quintero S.J. compartió que -en el año 2008- junto a un grupo de estudiantes, miembros del Voluntariado de la UCAB Caracas, se fue a la frontera colombo-venezolana a trabajar con refugiados colombianos, que huían del conflicto armado en el vecino país y eran recibidos en Venezuela para salvaguardar sus vidas. A partir de allí se desencadenaron cuestionamientos, inquietudes y el discernimiento que lo condujeron a pertenecer a la Compañía de Jesús. Una congregación que desarrolla una “dinámica cultural que ensancha perspectivas y nuevos horizontes, más allá de nuestras verdades (…) de un trabajo, de una pastoral. Es una opción de vida que copa quien soy”.

 

Un hombre llamado Ignacio de Loyola


Bajo la conducción de Carolina Flores, especialista en Pastoral de la DIM, y con el apoyo de los estudiantes Gabriel Dickson y Maryflor Gamboa, María Alejandra Matos y el padre Oscar Buroz S.J. tuvieron la oportunidad de conversar sobre la vida de Íñigo López de Loyola. Las ponencias giraron en torno a la importancia de cada episodio feliz o infortunado en la construcción de la orden religiosa que hoy tiene presencia mundial.

 

Según lo expresado por Buroz, San Ignacio de Loyola dejó extraordinarios aprendizajes y recomendaciones para los jesuitas que van en misión -y para todos en general- cuando de comunicaciones humanas se trata: “limar asperezas, diálogo cordial, rebajar conflictos, cómo actuar y conversar... Dependiendo de quién te hable; si es pausado, dale confianza y si se impone, no entres en esa conversación”, entre muchas otras reflexiones.

 

A partir de su experiencia militar, Ignacio de Loyola invita a reconocer donde están tus fortalezas y debilidades. Igual que en una “ciudad sitiada, el mal espiritu va a buscar tu debilidad, frustraciones, heridas, traumas, resentimientos y por allí entra” para hacer daño, expresó el P. Oscar Buroz, S.J.

 

San Ignacio de Loyola aprovechó todo en su vida y lo transformó en obras de amor que hoy recorren el mundo entero a través de los integrantes de la Compañía de Jesús.

 

De esta manera, la UCAB Guayana inició la celebración de la Semana Ignaciana e invita al conocimiento profundo de San Ignacio y de la Compañía de Jesús.

 

 

Texto: Rosiris Urbaneja

Imagen: Cortesía DIM UCAB Guayana

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