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Dailenis Espinoza: cambiar el mundo de una persona a la vez

19-08-2020 17:21 por Valeria Requena

Dailenis

Cómo impactar en otros ha sido siempre una preocupación para la estudiante del octavo, y último, semestre de Educación, Dailenis Espinoza. Su estancia en el campus le ha ayudado a afinar el autoconcepto de quién es, qué quiere hacer y cuál es su verdadero objetivo.

 

Once es el total de actividades en las que paticipó la quasi egresada de Educación mención Ciencias Sociales, Dailenis Espinoza, durante su estancia en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), extensión Guayana desde 2016. Fue beca trabajo de la oficina de Vicerrectorado y Mercadeo, estuvo en danza contemporánea, en el programa Embajadores UCAB, clases de salsa, coral institucional, representación institucional (como Centro de Estudiantes y Consejera de Escuela), voluntariado y mercadeo de su Escuela, y en programas de la Dirección de Identidad y Misión: cohorte XII del Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano (Pliul) y Hermanos Mayores. 

 

En un principio, el proyecto de Dailenis era estudiar Arquitectura; sin embargo, las vueltas de la vida la trajeron a la UCAB. Tras ocho semestres, ella asevera que ama la Universidad. “Mi novio dice que al morir saldré como espanto en el campus”, expresa con jocosidad. Asimismo, siente que en esencia la Institución es un reflejo de cómo deberían funcionar las cosas en Venezuela. “Me sorprendió mucho cuando en mi Prueba de Conocimientos había orden para entrar al salón, sentarse… todo ese protocolo que hubo fue como ¡Wow!... En el resto del país debería haber una real intención por mejorar los procesos”. 

 

 

tl_files/comunicacion_social/ZIPs/3-Dailenis Espinoza.jpg¿Por qué estudias Educación mención Ciencias Sociales?

—No elegí la Educación. Ella me eligió a mí. Al graduarme de bachiller inicié estudios de Arquitectura. “Desde el primer semestre supe que no era lo mío, no lo disfrutaba”. En quinto año de bachillerato había empezado a estudiar música en el Conservatorio de Educación Musical Integral (CEMI). Creo que la formación musical que estaba teniendo, quizás, despertó ese interés en la educación.

Para el quinto o sexto semestre de Arquitectura, comencé a dar clases de música los sábados y mi vida giraba en torno a los días sábados. Esas clases fueron difíciles al principio, luego las disfruté mucho. Mi alegría eran esos sábados. En algún momento dejé de ir a la universidad, sin avisarle a mis padres, y después les dije que quería estudiar Educación Musical. Esa idea tampoco se materializó; quizás, por orgullo o miedo, ya que quería costear -esta vez- mis estudios y no podía hacerlo sola. Quería ir a Caracas o Puerto la Cruz a la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte).

Entretanto, pasé un año sin estudiar. En una ocasión, a mi pareja de aquel entonces le hablaron de la escuela de Educación en la UCAB Guayana y de Cooperación Económica. Averiguamos cómo era y me preinscribí. Recuerdo que me gustaba más el pensum de Preescolar, pero como soy muy temperamental y me costaba trabajar con niños, entonces, opté por Ciencias Sociales.

 

 

 

¿Qué te motivó a participar en actividades extras en la Universidad? ¿Qué te mantiene en ellas?tl_files/comunicacion_social/ZIPs/2-Dailenis Espinoza.jpg

—Mi primera intención fue acercarme a la música. Luego fue por casualidad. Por ejemplo, para participar en la Representación Estudiantil sucedió que una compañera me preguntó si quería formar parte del Centro de Estudiantes como coordinadora cultural y, sin ser realmente consciente de la responsabilidad, le dije que sí. 

Cuando inició el semestre con el cargo y me involucré en temas de planificación de actividades, más mi responsabilidad como beca trabajo, pasaba prácticamente todo el día en la Universidad. Quizás no sabía sobre mis capacidades de organización, que posteriormente desarrollé. Un día organizamos un concierto (en el teatro del Colegio Loyola Gumilla) y fue genial. Nunca había dormido tan bien como esa noche. Como me lo disfruté tanto, no quise dejar de participar. 

Lo que me mantuvo en ellas fue el hecho de que aprendí mucho más fuera del salón que dentro de él. Incluso me di cuenta que no quería ser docente de aula. Me gusta la orientación vocacional y los proyectos o trabajos sociales, y es lo que espero hacer cuando egrese. No seré la profesora habitual de Historia o Geografía. 

 

¿Cómo organizas tu tiempo?

—No me considero una persona particularmente organizada. La gente dice que sí. Al inicio de semestre me preocupaba mucho por acomodar mi carpeta, hacer horarios, planificar lo que haría durante el día y buscar espacios entre horas para estudiar. Cumplir todo eso durante el semestre fue complicado. 

Me funcionaba ser consciente de las horas libres y tener un calendario. Insisto: trato de organizarme; no siempre lo cumplo. Me ayudaba mucho el tener material visual como lista de tareas. 

 

tl_files/comunicacion_social/ZIPs/4-Dailenis Espinoza.jpg¿Qué te impulsa a seguir adelante?

—No sé en qué momento me encontré a mí misma diciéndome que quería cambiar el mundo. No sé de dónde vino. A lo largo de la carrera esa idea de transformar el mundo ha mutado y madurado. Pasó de ser un poco mesiánica o tipo superhéroe, a quizás entender que impactar la vida de una persona es cambiar su mundo y que esa persona a su vez va a cambiar el mundo de todas las personas que la rodean. De una u otra forma, terminas cambiando el mundo completo. 

Ese querer hacer algo distinto, querer impactar en la sociedad, creo que es lo que me impulsa. También entendí que desde acciones pequeñas se pueden lograr cosas impresionantes. Cuando dí clases de música, disfrutaba muchísimo el proceso de transformación de los chamos. 

La carrera me ha hecho entender, con materias como Sociología o Antropología, qué era lo que realmente quería además de la música. Es el contacto con la gente, entender cómo funciona una sociedad, comprender de qué manera cambiando el discurso puedo ayudar e impactar... Uno no ayuda a nadie, sino que la gente se ayuda sola y uno está ahí como un canal para dar información y aportar, pero realmente debe haber una disposición por parte del otro para recibir eso que tú estás dando. 

 

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¿Qué enseñanzas te ha dejado la Universidad? ¿Y las actividades extracurriculares?

—No sé si es crecimiento personal o madurez, pero tiene que ver con un asunto de autoconocimiento y seguridad en quien soy y lo que quiero.

Antes era una persona tímida. Siempre lloraba cuando en el colegio tenía que exponer. Eso pasaba porque tenía mucha vergüenza de hablar en público y mi manera de evadir la exposición era llorar.

Entrar a la Universidad y empezar a enfrentarme a un montón de cosas como la planificación de eventos, donde me tocaba agarrar un micrófono y hablarle a un grupo de estudiantes, me hicieron ver las capacidades que tengo. Empiezas a conocerte. Lo que antes me hacía llorar, ahora lo disfruto muchísimo. Aún tengo cosas que trabajar; sin embargo, ese ha sido mi cambio más grande. Mi papá siempre me decía: “Tienes que salir del cascarón”, y creo que la Universidad me ayudó.

 

¿Qué importancia tiene tu carrera hoy?

—Hay un libro de Fernando Savater (no recuerdo el nombre) que tiene un capítulo que se llama “El eclipse de la familia” y él explica cómo la situación de la familia ha cambiado.

tl_files/comunicacion_social/ZIPs/9-Dailenis Espinoza.JPGAhora es parte de la responsabilidad del docente no solo enseñar, sino educar. Son conceptos diferentes. Enseñar tiene que ver con decir algo que yo sé y educar se asocia a un proceso de formación en valores, carácter y el proceso de adaptación del individuo con la sociedad, que es complejo. Savater explica que el rol de la familia se ha desvirtuado; por lo tanto, al docente también le toca educar.

La escuela te prepara para ser un profesional para la vida y, lamentablemente, la carencia más grande que tiene el individuo se relaciona con su formación para la vida. Es muy complejo dentro de una aula -con 30 chamitos o adolescentes- no solo atender las necesidades educativas sino también conocer sus problemas, virtudes, etc. Para mí esto es un dilema súper grande, porque la educación necesita en este país, y el resto del mundo, una reestructuración orientada a una formación que te forme para la vida.

Cuando educas a los seres humanos, en vez de solo profesionales, entonces estás apostando por el cambio de la sociedad. Por ejemplo: ya no tendrás a alguien que quiere ser doctor porque quiere ser millonario, sino que será un doctor porque disfruta, a través de lo que sabe, ayudar al otro. No tendrás a un músico que hable de la fiesta que tuvieron hace dos días, sino que te hable de sus emociones o haga arte-protesta con su música. 

Al educar a las personas, automáticamente estás influyendo en el comportamiento de la sociedad.

 

Para Dailenis, todas las experiencias que vivió en la UCAB Guayana le ayudaron a formarse como persona en el ámbito humano y profesional. Comenta que su parte favorita del proceso es que todo esto lo vives con otros, quienes te enseñan también el tipo de individuo que quieres ser o no. “No vives en una burbuja (...) y ese conversar con los demás -con nuestras similitudes y diferencias- es lo que me ha hecho crecer”, finalizó.

 

 

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Texto: Valeria Requena

Fotos: Cortesía Dailenis Espinoza

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